Nada merece la pena.
Todo es cambalache y trueque,
palmada para quien peque
y para el justo condena.
Ni la tarde más serena
guarda alguna claridad.
De este mundo en la heredad
quien no acepte el entramado
ha de pagar, por osado,
un precio: la soledad.
Ayer en Cuadernos del Sur
Hace 1 semana

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