Brama el viento, torbellino
de huracanada fiereza
En su empapada tristeza
es la lluvia puñal fino.
Imprevisto y repentino
un golpe de mar azota
y en la bramante derrota
de la ola embravecida
deja su furia vencida
la deshecha espuma rota.
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Como el mar me encanta la decima de hoy me ha parecido muy buena. Como siempre le sigo con interes.
ResponderEliminar¿También en invierno en la playa, Espronceda? Qué bien vivimos.
ResponderEliminarGracias como siempre, Roque.
ResponderEliminarPues sí, anónimo -¿el anónimo habitual?-, también es invierno en la playa
ResponderEliminarPor aquí encubre pavorosa nube
el cielo en antes trasparente y terso,
y relumbra la espada de un querube,
ministro del Señor del universo.
Su comentario mi autoestima sube
ya fuera broma grata o más perverso
pues linaje prefiero de Espronceda
a –con todo respeto- Gamoneda.
Cordialmente
Por entre las lineas de esta bella décima, atisbo
ResponderEliminarla gigante y sombria atalaya de aquellos mis versos inmortales, o quizas era un gigante castillo o una torre secular que defendía la playa de los rigores del mar, ya no me acuerdo. Aquí en este reino de la nueva luz en que habito solo recuerdo con más nitidez la blanca gaviota que tenía su nido en la peña. O algo así.
Qué racha más buena llevo. Primero el anónimo me llama Espronceda y luego aparece de comentarista el mismísimo Núñez de Arce.
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