Grandullón –cuarenta años-.
En encajar pieza y pieza
va invirtiendo sin tristeza
su inocencia y sus redaños.
Por la mañana, sus baños
con juvenil alegría.
Luego la monotonía
de esa inocente afición.
Mis versos, de corazón,
van por ti, José María.
La lúgubre góndola
Hace 4 días
Que bonito detalle, yo nunca tuve paciencia para acabar un puzzle, ni para empezarlo.
ResponderEliminarTampoco yo, Dama, lo cual aumenta si cabe aún más mi admiración por la persona a la que dedico esta décima.
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