Qué tristeza quejumbrosa
presta el eco a la campana
cuando en la fría mañana
tañe lenta, temblorosa.
¿Tañe? No. Digo solloza
con el peso de su herrumbre,
siempre fiel a su costumbre
de llamar temprano a misa
mientras esparce en la brisa
su monótona quejumbre
Ayer en Cuadernos del Sur
Hace 23 horas

Me sigue gustando la lectura de sus decimas. Muy bonito este eco de campanas que a mi, como muchos de sus poemas, me evoca los tiempos pasados.
ResponderEliminarA mí me sigue alegrando que los ecos de mis versos le recuerden su pasado, Roque.
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